Tag

, , , , , , , , , , , , ,

ITA EN FR

Nací en África en los años 90. Vivo en Italia desde hace dos años, precisamente en Sicilia. Hasta hace muy poco trabajaba y jugaba en un equipo de fútbol. Desde que era un niño el fútbol siempre ha sido mi pasión. Cuando era pequeño, en mi país, iba a la escuela y jugaba al fútbol por la calle con mis amigos. Al principio iba a un colegio privado que estaba cerca de mi casa, pero después de dos años me echaron porque mi padre ya no tenía dinero para pagar mis estudios. Me impidieron ir al colegio durante todo el año. Tenía que quedarme en casa, mientras los demás niños iban a la escuela. Era demasiado pequeño para entender lo que estaba pasando, sólo quería volver a clase con los demás.

Fui a al colegio hasta los 15 años, después tuve que dejar porque hubo el golpe de Estado y ya no se podía salir de la casa porque era demasiado peligroso. Pasaba mis días en mi hogar, sin nada que hacer, hablando con mi mamá y mi hermana. Desde la calle se oían disparos atemorizantes. Por los tiros de los militares – quienes entraban por la fuerza en las casas y en las tiendas para robar – también se seguía cobrando victimas entre los inocentes. Me fui de la ciudad y me refugié en los suburbios, con la esperanza de que los disparos acabaran y llegara por fin la paz. Desafortunadamente no cambió nada y decidí irme. Me marché sin despedirme de nadie. Llegué a Argelia, y después a Libia donde pensaba quedarme pero, incluso allí, la situación estaba peligrosa y cualquiera podía jugarse la vida de un momento al otro; así que decidí embarcarme en un bote.

El viaje en el bote fue muy difícil: había muchísima gente, nunca había visto el mar antes y me daba miedo; el olor a gasolina me nauseaba. Un amigo, sentado en el borde del bote, me asistió manteniendo mi cabeza entre sus rodillas a lo largo de la travesía. En algún momento me quedé dormido, seguro de que me hubiese muerto por estar tan agotado y sin fuerzas. Cuando me desperté, me sentía un poco mejor pero cada vez que miraba al mar tenía miedo. Un barco de la Marina Militar Italiana nos rescató en el medio del mar y nos trajo a Augusta. Después de los controles nos recibieron en el centro de acogida “Scuole Verdi” y fue en ese momento que empezó una nueva aventura para mí.

simeoli

*Photo Copyright: Federica Simeoli

Al principio me encontraba muy mal: no conseguía comer porque no estaba acostumbrado a la comida que nos daban y yo sólo hablaba francés, y por ende tenía más dificultades con respecto a los que hablaban inglés. También estaba enfermo, pero no lograba que el doctor me entendiese. Afortunadamente en la casa de acogida estaba una voluntaria que, hablando francés, pudo ayudarme. Con ella podía hablar de lo que quería y no me sentía solo. Ella entendió que necesitaba un doctor y me acompañó a su dentista que me curó. Ahora mis dientes están mucho mejor. Recuerdo de muchos días pasados sin hacer nada más que dormir.

Un día, otra voluntaria que venía a darnos clases de italiano me preguntó si podía ser mi tutora. Yo acepté y eso también lo recuerdo como uno de los días más afortunados de mi vida. Casi todos los días nos llevaba al campo para que lo pasáramos bien, por la noche nos íbamos de fiesta y a comer pizza. ¡Ahora sí que los días eran cortos! Durante una fiesta de país conocí a un amigo de mis tutores que me propuso jugar en un equipo de fútbol, donde me quedé durante dos años. Me fui a vivir solo y en seguida experimenté la soledad y eso fue uno de los momentos más difíciles. Estaba feliz de que el fin de semana podía volver a ver a mis tutores.

Yo aún deseo jugar al fútbol, pero me gustaría ganar algo para poder ayudar a mi familia en África. Estoy bien en Italia, pero echo de menos a mi familia, mi tierra, su comida y nuestras costumbres. Cuando me pasa algo bueno o malo, pienso muy intensamente en mi familia a la que espero poder abrazar muy pronto.

El autor de este cuento desea quedarse anónimo.

Traducción por: Federica Loddi y Michela Gentile
Corrector: Massimo Micheli

Annunci